Michael Mann, un director extremo. Si me preguntan por directores, podría nombrar varios. Los diálogos de Tarantino, la sensibilidad y romanticismo de Stephen Daldry, la sorpresa de Danny Boyle, o la exquisitez en detalles de Martin Scorsese. Sin embargo, hoy quiero dedicarle un espacio a un director que me supo enamorar y a quien considero un grande por su virtuosismo puro y auténtico para construir personajes con una fuerte carga emocional.
Ese director es Michael Mann, un hombre nacido en Chicago, y que desde los años setenta se ha consolidado como uno de los grandes directores en el cine. Con cada una de sus películas defiende ese sello inconfundible que lo caracteriza. Y es que Mann es un director que logra del público dos cosas. Que no nos despeguemos de la pantalla y que terminemos muchas veces adorando a los malos y esperando un final distinto en sus filmes.









